Memoria de la esperanza

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Luisa, a sus 88 años, ha llegado desde París con la esperanza de encontrar los restos de su padre, enterrados junto a otros diez hombres y dos mujeres.

Cuando tenía 13, un 18 de noviembre de 1936, en el valle de Valdivieso, los falangistas organizaron una saca de presos de la cárcel de Villarcayo. Presos que eran vecinos y vecinas de la Merindad de Sotoscueva, Burgos, a los que asesinaron. Luisa quedó huérfana y al cargo de sus hermanos.

Los restos de los asesinados han permanecido desde entonces en el puerto de La Mazorra, maniatados, apenas a 50 metros de la carretera de Burgos a Valdenoceda. También han permanecido en la memoria del conductor de autobús de línea que casi presenció los hechos, y en la de los familiares y vecinos de los entonces desaparecidos.

Hasta hace unos años, y desde la muerte del dictador Franco, decenas de velas iluminaban cada noche ese campo cercano a la carretera.

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