Concha Mateos

Hacerse entender es una ambición. También un arte. Aprecio mucho el trabajo del Colectivo Novecento por lo que tiene de empeño por facilitar el entendimiento. La comprensión de asuntos que para mucha gente corren el riesgo de quedar en la opacidad. Y sin embargo condicionan sus vidas.
Por eso estudie Ciencias de la Información. Por eso trabajé como periodista más de diez años. Por eso giré hacia la carrera académica y perseguí la oportunidad de impartir docencia en la universidad.
Ya he vivido más de la mitad de mi vida. Esta segunda mitad es más potente de lo que esperaba, pero aún permanece un poco misteriosa para mí la forma en que se produce la importancia de las personas.
Cuando era niña, creía que la gente que “salía en la tele” era importante. También lo pensaba de médicos, obispos, presidentes (siempre hombres)… Y creía que era gente especial, que había nacido así. Luego en el instituto empecé a sospechar que no, que no era de nacimiento, que devenían importantes por ciertos mecanismos, y que la importancia además les llegaba del exterior. En la universidad comprendí que existe una ingeniería socioeconómica del prestigio, que la máquina con la que las personas se hacen lo que se llama habitualmente importante tiene resortes económicos. Por eso me preocupa desvelar y colaborar en hacer público lo que ocurre tras las apariencias.

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