Estos días azules y este sol de la infancia

Estos días azules y este sol de la infancia

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14.02.2016©ÁlvaroMinguito

Antonio Machado falleció un 22 de febrero de hace 77 años en el pueblo francés de Colliure.

Él fue uno de los primeros muertos de lo que se conoce como La Retirada, el exilio hacia Francia al que se vieron forzados casi 500.000 españoles, los sales rouges que escapaban del fascismo y la represión que se habían instalado en España.

Machado, junto a su madre Ana Ruíz, de 85 años, su hermano José y su cuñada, huyó a finales de enero a través de los Pirineos por la frontera en Portbou.

Abandonados por las ambulancias que los trasportaban por la imposibilidad de avanzar con tanta gente que invadía la carretera, sin equipaje ni dinero, pasaron la noche en la estación de trenes de Cerbére.

A su llegada al pueblo de Colliure, con lo puesto, se alojaron en la pensión de Madame Quintana, que los acogió a sabiendas de que nunca cobraría por ello.

Tres semanas después fallecía en esa pensión. Su dueña cedió un nicho en el cementerio del pueblo para su entierro, en el que solo tres días después le acompañaría su madre.

Pocos días después del fallecimiento, su hermano José Machado encontró en el bolsillo del gabán un trozo de papel que decía “Estos días azules y este sol de la infancia”.

Su último verso.

AMP_269914.02.2016©ÁlvaroMinguito

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1 sello de 0.40

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1 talego

1camisa

1 par de calzoncillos

1 par de calcetines

1 cartera con fotografías

1 petaca

1 botas

1 pantalón

1 manta

1 carpeta de papel para escribir

1 sello de 0.40

Estas eran las pertenencias de Nicasio Urbina Fernández, natural de Anchuras, Ciudad Real, el día de su fallecimiento en la cárcel de Valdenoceda. Así consta en el registro de su defunción.

Con 62 años, 6 hijos y de profesión jornalero del campo, había sido acusado por un consejo de guerra de “auxilio a la rebelión” durante la guerra civil, siendo condenado a 20 años de prisión. Entra en esta cárcel  un 26 de septiembre de 1940, donde fallece apenas 6 meses después.

La cárcel de Valdenoceda era una antigua fábrica de seda, reconvertida en penal entre 1938 y 1943. Allí fueron a parar condenados de distintas partes de España. Se convirtió en un auténtico campo de exterminio, donde los presos vivían hacinados y morían de frío, hambre y enfermedad.

Contaban los supervivientes que el sueño más recurrente de los reclusos era un simple trozo de pan.

La muerte de Nicasio le fue comunicada a su viuda mediante una carta. En el expediente de la carcel esta escrito a mano que el sello de 0.40 cts. que conservaba el recluso “se puso en la carta a la viuda” con tal fin.

El pasado sábado 18 de abril de 2015, 74 años después de su fallecimiento, sus restos le fueron entregados a sus familiares, durante un acto organizado por la Agrupación de Familiares y Amigos de Represaliados en Valdenoceda.

Memoria reciente del integrismo católico español

Concentración antifascista en el Teatro Alfil. 10.03.2006/©ÁlvaroMinguito

Concentración antifascista en el Teatro Alfil. 10.03.2006/©ÁlvaroMinguito

Aún no han pasado ni diez años. A primeros de marzo de 2006 un “hombre de unos 50 años”, según informaba la prensa, colocaba un artefacto explosivo en el Teatro Alfil, en el barrio madrileño de Malasaña. La bomba estaba preparada para estallar cuando la obra ya hubiera comenzado y el público se encontrara sentado en las butacas. Hubiera podido ser una masacre.

El cómico Leo Bassi interpretaba entonces “La Revelación”, un alegato contra el fundamentalismo religioso y un homenaje al laicismo, según declaró. En esos días las amenazas contra su persona y los ataques contra el teatro se sucedieron en forma de pintadas con amenazas de muerte, una concentración fascista a la puerta del local (convocada por el partido Alternativa Española, presidido entonces por Blas Piñar) e incluso un intento de incendio de su taquilla. Tampoco faltaron las burlas y las acusaciones de “haberse puesto él mismo la bomba”.

Pocos días después la Asamblea de Malasaña, junto a la Coordinadora Antifascista, convocaba una concentración en apoyo del cómico y contra el fascismo a la que acudieron cerca de 300 personas. Se denunció la pasividad institucional contra este tipo de hechos y Leo Bassi agradeció el inesperado apoyo popular recibido.

Nunca se detuvo a nadie por este intento de atentado, ningún cargo público lo “condenó”. La noticia pasó más pronto al olvido que los continuos ataques que Leo Bassi siguió sufriendo desde diversos medios y partidos políticos. Como tantas otras noticias sobre ataques ultraderechistas que han sembrado de asesinatos nuestra historia desde la Transición.

Me pregunto qué pensará estos días el hombre que colocó entonces la bomba en el Alfil, hoy de unos 58 años, mientras lee las noticias de la masacre en París. Cuáles serán sus opiniones acerca de la libertad de expresión, del fundamentalismo religioso, del asesinato por convicciones religiosas.

Fotogalería: Funeral de Mahmud Darwish, poeta palestino. (13.04.1941- 09.08.2008)

El muro de la vergüenza

Mural con la imagen de Mahmud Darwish en una de las torres de vigilancia del muro de la vergüenza, en el tramo que separa las ciudades de Belén y Jerusalén. 16.04.2011/©Álvaro Minguito

El 9 de agosto de 2008 Mahmud Darwish fallecía en Houston tras una operación de corazón.

Días después, el 13 de agosto, su cuerpo llegó en helicóptero a la ciudad de Ramala, donde se celebró un funeral de Estado, honor que sólo se había otorgado anteriormente a Yasser Arafat, líder de la Organización para la Liberación Palestina. Su familia en un principio pensó en enterrarlo cerca de su lugar de nacimiento, pero eso suponía pedir permiso al gobierno israelí. “Mahmoud no pertenece sólo a una familia o a un pueblo, sino a todos los palestinos, y debe ser enterrado en un lugar donde todos los palestinos puedan visitarlo”.

La ceremonia se desarrolló en la Muqataa, sede provisional del gobierno de la Autoridad Nacional Palestina, y contó con la asistencia del presidente Mahmoud Abbas. Posteriormente, y a pesar de los intentos del ejército israelí de bloquear las carreteras y los accesos a la ciudad mediante controles, miles de personas llegadas de distintas partes de Palestina acompañaron su féretro por las calles.

Cadáveres anónimos

Ningún olvido los reúne,
Ningún recuerdo los separa…
Olvidados en la hierba invernal
Sobre la vía pública,
Entre dos largos relatos de bravura
Y sufrimiento.
“¡Yo soy la víctima!”. “¡No, yo soy
la única víctima!”. Ellos no replicaron:
“Una víctima no mata a otra.
Y en esta historia hay un asesino
Y una víctima”. Eran niños,
Recogían la nieve de los cipreses de Cristo
Y jugaban con los ángeles porque tenían
La misma edad… huían de la escuela
Para escapar de las matemáticas
Y la antigua poesía heroica. En las barreras,
Jugaban con los soldados
Al juego inocente de la muerte.
No les decían: dejad los fusiles
Y abrid las rutas para que la mariposa encuentre
A su madre cerca de la mañana,
Para que volemos con la mariposa
Fuera de los sueños, porque los sueños son estrechos
Para nuestras puertas. Eran niños,
Jugaban e inventaban un cuento para la rosa roja
Bajo la nieve, detrás de dos largos relatos
De bravura y sufrimiento.
Luego escapaban con los ángeles pequeños
Hacia un cielo límpido.

Mahmoud Darwish – poeta palestino

Oradour-sur-Glane. La memoria del terror

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Oradour08 Oradour12   “Oradour-sur-Glane es el símbolo de las desgracias de la patria. Conviene preservar su recuerdo, pues hace falta que nunca más semejante tragedia se reproduzca”.
Charles de Gaulle, Oradour-sur-Glane, marzo de 1945.

El 10 de junio de 1944, solo 4 días despues del desembarco aliado en las playas de Normandía, este pueblo cercano a la ciudad de Limoges, en Francia, fue masacrado por una división de las Wafen-SS alemanas. 190 hombres, 245 mujeres y 207 niños perecieron fusilados o quemados vivos en su iglesia, en una matanza de la que el pasado 10 de junio se cumplió el 70 aniversario.

El pueblo fue completamente destruido por las tropas alemanas. Entre sus habitantes, 24 españoles de todas las edades, que habían huído de la barbarie de la guerra civil española, fueron asesinados junto al resto.

El Estado francés decidió dejarlo intacto y convertirlo en un memorial. Es Monumento Nacional desde el año 1946.

En el cementerio, una placa de marmol con los nombres de los españoles fallecidos, puesta allí por el gobierno de la República Española en el exilio en el año 1945, es el único rastro del Gobierno español que encuentran sus visitantes.

Mayo de 2014/©ÁlvaroMinguito

 

 

“El misterioso caso del torturador invisible a la justicia”

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A la Izquierda, Billy el Niño a su salida de la Audiencia Nacional en Madrid, el pasado 5 de diciembre (fotografía de Álvaro Minguito). A la derecha, portada original del cómic de Classics Illustated, ‘The invisible man’, del año 1959 (Geoffrey Biggs).

El hombre invisible

Si el famoso escritor H. G. Wells tuviera que reescribir en este siglo su conocida novela de ciencia ficción, quizá basaría las notas para su trama en el caso del acusado por torturas conocido como Billy El Niño.

Mientras que en el argumento original Griffin, el científico protagonista, lograba mediante un brebaje ser invisible a los ojos de los demás, Juan Antonio González Pacheco, nuestro siniestro personaje, consigue lo mismo con la justicia, no está del todo claro con qué fórmula.

Reclamado por la juez argentina María Servini, acusado de torturar a trece opositores políticos al régimen franquista entre agosto de 1968 y 1975, logra una vez más que la justicia española resbale por su protegida figura sin apenas rozarle.

A su salida el pasado 5 de diciembre de 2013 de la Audiencia Nacional tras declarar ante el juez Ruz, se escenificó de forma  clara la línea argumental  de esta novela distópica. Mientras cruzaba el umbral de la entrada principal embozado con una bufanda, gafas y gorra, al estilo del malogrado Griffin, su imagen y su integridad era protegida por las fuerzas de seguridad que impedían el acceso de los querellantes a la calle Prim, sede temporal de la Audiencia Nacional, a los que incluso se identificaba y retenía. Así, nuestro personaje abandonaba el lugar en un coche que le esperaba en la puerta sin casi ser visto.

En la novela original, el protagonista iba perdiendo progresivamente la razón a medida que se desarrollaba la historia. En la que nos ocupa, Billy el Niño, que en otro tiempo se jactaba y presumía de sus hazañas según cuentan sus propias victimas, parece que no la perdió nunca, que actuó siendo muy consciente de sus actos.

Es sin embargo el régimen político, representado en este caso por la justicia, el  que parece estar perdiendo una vez más la razón.

Publicado en eldiario.es