La respuesta de las élites: del «giro keynesiano» al volantazo neoliberal

Imagen

Capítulo 2 del libro Lo llamaban democracia. De la crisis económica al cuestionamiento de un régimen político (Colectivo Novecento)

Aunque la crisis tardaría oficialmente un año en llegar a la economía española, muchos analistas entendieron que el desplome inmobiliario de septiembre de 2007 en Estados Unidos tendría consecuencias especialmente duras en España, donde el mercado inmobiliario llevaba desde abril dando signos de una burbuja a punto de estallar.

Desde sus inicios, la crisis ofrecía parecidos con la Gran Depresión a ojos de los economistas: la capacidad de compra de una clase trabajadora cada vez más empobrecida se había sostenido artificialmente mediante una expansión especulativa del crédito, y al cataclismo financiero que implicaba su inevitable pinchazo seguiría el colapso del crédito, el derrumbe de la capacidad de compra y una crisis de sobreproducción o «de demanda», como dirían los keynesianos. Porque, de hecho, la crisis fue interpretada y gestionada en un principio bajo postulados que recordaban al viejo keynesianismo, y urgía resolverla mediante más regulación de los mercados financieros y «estímulos a la demanda agregada» a través de una expansión del gasto público.


De este modo, en el año 2008 asistimos a un redespliegue a gran escala de actuaciones que anunciaban un «giro keynesiano» de la política económica como respuesta a la crisis. Así, en ese mismo año tuvieron lugar reuniones de emergencia al más alto nivel, entre las que destaca la del G-20, en noviembre, conocida como «Cumbre Mundial contra la Crisis». Esta cumbre, cuya declaración final hablaba de compromisos en materia de regulación financiera y «medidas fiscales para estimular de forma rápida la demanda interna», había sido alentada con declaraciones de dirigentes como Nicolas Sarkozy, quien instaba a «refundar el capitalismo» y anunciaba «la muerte de la dictadura del mercado y de la impotencia de lo público». Declaraciones que transmitían verdadera perplejidad a una opinión pública que sabía muy bien a quiénes se debían estos dirigentes.

En efecto, la perplejidad marcó el discurso y las primeras interpretaciones oficiales frente a una crisis que comenzaba entonces a mostrar un pronóstico muy negativo. En medio de este clima de confusión, las élites económicas y políticas afrontaban la gestión de la crisis que ellas mismas habían causado.

Al mismo tiempo, una prensa económica igualmente perpleja publicaba informaciones incómodas en relación con las causas de la crisis, mientras se hacía eco de sus estragos en la economía (quiebra de Lehman Brothers, caída del sector del automóvil) y anunciaba, sobre todo en 2009, medidas intervencionistas de cuantías astronómicas bajo la bandera de la reactivación económica (rescates masivos de bancos en Estados Unidos y Europa, salvamento de la industria automotriz a ambos lados del Atlántico, etc.).

En medio de una crisis que minaba la recaudación de los estados, estas medidas estaban causando un déficit creciente en las finanzas públicas, que se financiaba con un endeudamiento creciente. Y para atender los pagos de la deuda se optó finalmente por los recortes, especialmente a partir de 2010.

Ese año, mientras Grecia e Irlanda pedían el rescate para poder afrontar el pago de la deuda, otros países como España anunciaban recortes en el sueldo de funcionarios, aumentos en la edad de jubilación e incluso el blindaje constitucional del cobro de acreedores de deuda pública por encima de cualquier otra consideración. A su vez, el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, pedía abiertamente una reforma laboral mientras los salarios caían y aumentaba la productividad.

Las demandas importantes del gobernador de un banco central no suelen ser aisladas, sino coordinadas con las del resto de la Eurozona. En efecto, a nivel europeo se estaban orquestando políticas que difícilmente podían ayudar a combatir la crisis, y que culminaron en el Pacto del Euro, condición impuesta por Alemania para aceptar un aumento del fondo de rescate para los países en dificultades. El punto fuerte de ese pacto era promover coordinadamente la reducción del gasto y la contención del endeudamiento público como medios para reforzar la garantía de su cobro. Mientras tanto, con la coartada de la competitividad internacional se coordinaba una oleada de reformas laborales que menoscababan conquistas históricas como la negociación colectiva, el salario mínimo o la indemnización por despido. Y al mismo tiempo se urdía la puesta en venta de la educación, la sanidad y otros servicios públicos.

En definitiva, parecía que había terminado el tiempo de la perplejidad: las élites pasaron a mostrar una férrea determinación, y el «giro keynesiano» dio paso a un violento volantazo neoliberal, que constituía el mayor ataque a los derechos sociales vivido en los países desarrollados en democracia. ¿Qué había ocurrido?

Volvamos a la hemeroteca: ¿dónde están las noticias sobre las políticas reales de reestructuración del sistema financiero «desde sus cimientos», como proponía Sarkozy? No ocurrió nada de eso. Tampoco hay noticias de encarcelamiento de banqueros y altos responsables políticos, ni de la expropiación de bancos.

Realmente no hubo refundación de nada. Ante la gravedad de la crisis financiera y su contagio a los sectores productivos más influyentes, se pusieron en práctica medidas que, en un primer momento, intentaban apuntalar el statu quo. A esto responden precisamente la inmensa transferencia de recursos públicos a la banca privada, pero también las ayudas directas a la influyente industria del automóvil y el famoso Plan E de nuestro país, que pretendía paliar la crisis del ladrillo —construcción de viviendas— con hormigón —construcción de obras públicas a las que, además, solo tienen acceso las grandes constructoras—. Y en lugar de financiar las políticas expansivas recuperando impuestos a las rentas altas que se habían eliminado, se recurrió a emitir títulos de deuda pública que pasaron a obrar en poder de los bancos, lo que les permitió compensar por otra vía el corte abrupto del crédito a familias y empresas.

Una vez se hizo completamente inviable el modelo económico del ladrillo, se acrecentó la presión para la creación urgente de nuevos espacios de ganancia para un capital que se desvalorizaba rápidamente, ante la imposibilidad de rentabilizarse. A corto plazo, esos espacios solo pueden crearse a costa de lo que ya existe: las rentas de la clase trabajadora y la base material de los derechos sociales, es decir, los servicios públicos.

En este contexto, volvieron a primera fila las reivindicaciones históricas de las élites económicas: privatización de la educación, de la sanidad y de los últimos servicios públicos; desmantelamiento del sistema público de pensiones; contención sistemática del aumento de salarios por debajo del de la productividad. Llegados al momento actual, en el que la clase trabajadora demuestra cada vez con más fuerza su determinación de defender las conquistas sociales, estas reivindicaciones no pueden llevarse a efecto sin cumplir otras que afectan directamente al recorte de derechos civiles y laborales, como la sindicalización, la negociación colectiva, la huelga e, incluso, la propia libertad de expresión.

En definitiva, la salida que buscan las élites económicas y políticas para esta crisis pasa por retomar la senda de políticas que vienen implantándose desde finales de los años setenta en todo el mundo. Así, hay una continuidad clara entre las primeras políticas de Ronald Reagan y Margaret Thatcher (al respecto de la privatización, la protección del valor de los grandes fondos o el ataque a lo público), los recortes y otras medidas que se están aplicando mientras se agitan los fantasmas del déficit y del rescate. Bajo la coartada de la crisis, estas políticas pugnan por imponerse en una profundidad que era impensable cuando aquella empezaba a mostrarse.

Frente al enfoque de las élites dominantes que mezcla sus urgencias cortoplacistas y sus tradicionales reivindicaciones de clase, la alternativa que se está planteando desde la base de la pirámide social parte necesariamente del enfoque opuesto. Es decir, del tipo de vida y de sociedad que queremos quienes conformamos la base del sistema productivo.

Los grandes medios de comunicación han martilleado a esta gran mayoría repitiendo ciertos argumentos, cuyo carácter falaz señalaremos en el próximo capítulo, que sitúan el origen de la crisis en el sostenimiento de nuestro escaso Estado de bienestar, o en un sobreendeudamiento de los eslabones más débiles y, por tanto, menos importantes, de la cadena financiera («hemos vivido por encima de nuestras posibilidades»). Pero estos argumentos convencen cada vez menos a la clase trabajadora, por muchos motivos. Tal vez el más importante es que esta gran mayoría de la sociedad ya llevaba muchos años en crisis antes del crac financiero de 2007.

Anuncios

4 pensamientos en “La respuesta de las élites: del «giro keynesiano» al volantazo neoliberal

  1. Pingback: La respuesta de las élites: del “giro keynesiano” al volantazo neoliberal - Economía Crítica y Crítica de la Economía

  2. Felicito a todos los intervinientes que han hecho posible “Lo llamaban democracia” En el ámbito de la economía habéis hecho una disección magistral de los males que aquejan al modelo capitalista. Lo que no entiendo es como en función de lo expuesto, ni ellos ni el resto de los economistas que tratan de superar las ineficiencias del sistema han logrado encontrar la manera de, sin recurrir a la violencia, superarlas. Y ésta existe. Entre otros factores, haciendo uso de la informática.
    Especial atención me ha causado la intervención de Sara Mateos sobre las diferencias que nos separan a tenor del género. Siento que en este reducido espacio no me sea dable hacerla llegar lo que para solventarlo podríamos hacer.
    Si deseáis contrastar la viabilidad de lo que expongo os ruego os dirijáis a ensayoeconomico@gmail.com
    de Gregorio

  3. Pingback: ¿Qué tiene el PP contra las personas desempleadas? | Baladring

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s