¿Cómo generar ilusión política?

ilusionismo2La ilusión es intangible, poderosa y deseada. En nuestros tiempos más que nunca. La tarea de por sí no es fácil. Avanzo que no tengo más respuesta que una breve digresión. Veamos dónde llega.

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Los ilusionistas suelen embaucarnos, pero a la vez nos elevan las pulsaciones. Nos sacan de este mundo y nos llevan allá donde hay magia.

Todos queremos salir de la España de 2014, aquella que ya han programado las estadísticas. El problema es que la ilusión puede nublarnos el entendimiento. Es lo que pasa, por ejemplo, cuando se usa el manto de una bandera para ocultar problemas económicos o de gobierno. Sale el conejo de la chistera, crees elevarte sobre la butaca unos minutos con los ojos como platos, pero luego vuelves a tu misma casa gris de siempre.

Precisamos ilusiones que construyan, que nos eleven el ánimo para afrontar cambios radicales. Que nos hagan sentir capaces de grandes hazañas colectivas, para lo cual necesitamos grandes palabras.

La épica sin embargo es complicada, pues nos adentramos en un terreno a menudo omnipotente, reservado a los dioses; o peor aún, a los guerreros o los demagogos. La traducción habitual de estas figuras en la política actual es la del ídolo de barro. Y ya sabemos que lo ponen todo perdido cuando se tiran al suelo.

Con ilusión estábamos hablando de asuntos pacíficos y meramente humanos. Utilicemos así la palabra medida, pensemos en las hazañas desde una escala asumible. No significa renunciar a nada, sino más bien dejarse de cuentos.

Recordemos que la ilusión tarda en prender pero se contagia con solo mirarse. El truco esencial: hacer las cosas bien a cada paso, generar confianza, ser veraces. En la escala milimétrica del contacto con quienes te rodean en un colectivo político o grupo de trabajo es donde puede prender, o se puede ahogar, la ilusión. Es en esa vida a ras de suelo donde la ilusión puede trocarse en mero espejismo o en ese sostenido vendaval capaz de colorear nuestras vidas y, con ellas, nuestros barrios.

 Hasta el partido político más pequeño y subversivo está hoy atravesado de las fatídicas leyes de hierro de la oligarquía burocrática. Hasta el más humilde de los mortales encierra complejidades en su interior incapaces de conocer o controlar siquiera él mismo.

Ponernos así en manos de una persona o un partido es, en principio, un acto de temeridad. Pero de forma realista nuestros sistemas políticos no parecen dejarnos otra salida.

O sí.

Se puede cambiar el modo como funcionan las organizaciones políticas, cambiar el poder que acumula cada persona.

La democracia ilusiona, pues significa que se reparte el poder. Los asuntos se deciden públicamente, sin secretismos. Estamos informados, podemos decir y escucharnos. Decidimos entre todos sobre aquello que nos afecta a todos. Cuando esto sucede y llegan los cambios tangibles a nuestras vidas, suben más que nunca las pulsaciones.

Todo esto que cuento es tan difícil que a menudo asistimos anhelantes de ilusión a una función de magos para volver de nuevo, confundidos, a nuestro mismo hogar desvencijado.

A cualquiera que intente que prenda la ilusión política entre la gente, por tanto, le recomendaría practicar la democracia a cada paso. Generar confianza desde lo más cercano. Hoy en nuestro país hablamos de la necesidad de un proyecto colectivo y unitario de las izquierdas, abierto, democrático. Pero palabras y objetivos tan excelsos se construyen desde una cercanía que no es que debamos cuidar, es que nos va todo en ello para que fructifiquen acuerdos y, desde allí, se contagien ilusiones políticas de alcance.

Ya sé que todo esto que cuento, además de abstracto, es muy difícil de lograr. De ahí que lamentablemente no hagamos más que tropezar. O que escribir digresiones que definitivamente no nos llevan a buen puerto.

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6 pensamientos en “¿Cómo generar ilusión política?

  1. Bueno, yo diría que a mí sí me ha servido el artículo. Necesitamos de grandes palabras, es verdad, la épica es complicada, sin embargo recuerdo a la escritora Harriet Beecher Stowe y cómo con su novela “La cabaña del tío Tom” consiguió remover conciencias y abolir la esclavitud. ¿Podría un libro, ahora, conseguir ilusionarnos?

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