La crisis del euro y la dictadura de los acreedores

En este artículo abordo una explicación sobre la crisis en la eurozona. El texto acaba de ser publicado en el número 23-24 del boletín mensual Momento Económico, editado por el Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM.

Trataré así de explicar la particular crisis que atraviesa la eurozona (EZ en adelante), dentro de la profunda recesión actual a escala global. El argumento central consiste en vincular la recesión, no tanto con el euro, sino con una crisis bancaria propiciada por la liberalización financiera y el ajuste salarial del modelo neoliberal.  No se trata de negar las evidentes deficiencias en el diseño de la EZ. Además, sin duda las autoridades europeas han aprovechado la recesión para crear diversos instrumentos con los que perseverar en el ajuste, pero de nuevo no es tanto el euro per se, sino las exigencias de los prestamistas: la dictadura de los acreedores.

1. El origen: una crisis bancaria

El análisis sobre la crisis en la eurozona ha de iniciarse fuera de ésta, con la crisis bancaria en Estados Unidos, por ser allí donde se localiza el mayor y más desarrollado mercado financiero del mundo. Recordemos brevemente.

La Reserva Federal había seguido una política monetaria expansiva como respuesta al pinchazo de la burbuja tecnológica en 2001. Pero la inflación de activos derivada de la desregulación financiera, lejos de contenerse, se trasladó entre otros al sector inmobiliario. Ante los signos de recalentamiento, la Fed viró el signo de su política monetaria[1]. El encarecimiento del crédito y la desaceleración económica, pusieron fin al delirio urbanístico, con resultados ya conocidos. Sobre el particular destacaremos tres aspectos.

Primero, estamos ante una crisis bancaria, ocasionada por una gigantesca acumulación de deuda privada. Segundo, más allá de aspectos tales como las hipotecas subprime, se trata de un colapso del modelo económico neoliberal imperante; colapso vinculado a la liberalización y expansión financiera[2]. Y tercero, el sobreendeudamiento se relaciona a su vez con las políticas neoliberales de ajuste salarial. Así, la expansión crediticia y el “efecto riqueza” suscitados por la inflación de activos permitieron sostener incrementos de la demanda agregada vía deuda, pese a estancarse los salarios reales. Hasta que aquello se reveló insostenible.

Los bancos afectados no fueron sólo estadounidenses, sino que algunas grandes entidades europeas se vieron incluso más perjudicadas que las locales. Dentro de la EZ,  estuvieron especialmente implicados bancos de los países del “centro”. Su exposición supuso dedicar ingentes sumas de dinero público bajo diversas formas (inyecciones de capital, compras de activos, garantías…) para evitar el desastre[3]. Aparentemente la periferia eludió el problema, pero pronto dejó de ser así. ¿Por qué? En los siguientes apartados veremos cómo afectó al conjunto del área.

2. Unificación monetaria. El modelo de unión monetaria del euro.

En los años setenta del pasado siglo, el interés de la entonces Comunidad Económica Europea por fijar algún tipo de área monetaria común[4] venía suscitado por la necesidad de superar su dependencia con respecto a un muy inestable dólar, una vez desaparecido el sistema monetario internacional de Bretton Woods. A partir de un modelo de tipo de cambio fijo pero ajustable, la “serpiente monetaria”, se creó una unidad de cuenta común, el ECU, fijado por una cesta de monedas de los países miembros del Sistema Monetario Europeo (SME). Lo relevante del caso es que se pretendía con ello crear un modelo de área económica simétrica, esto es, cooperativa (de Grawe, 1994: 113). Sin embargo, las desigualdades fueron notables desde un principio, asentándose en la práctica un modelo asimétrico (hegemónico) liderado por Alemania. Este modelo hegemónico será importante para entender la actual problemática en la EZ, como veremos en el apartado 6.

Desde un principio, la autoridad germana exigió que la unificación priorizase el estricto control sobre los precios, preocupada de una parte por no afectar a la competitividad de su robusto sector exportador y, de otra, evitar que se erosionasen los excedentes de ahorro acumulados por sus bancos.

La unión con otras economías más inflacionarias podía perjudicarle al ver perder su credibilidad en materia de política monetaria, mientras que otros quizá se aprovecharían de la fortaleza dada por el marco al área común. Asimismo, el proceso de unificación alemana[5] en 1990 exacerbó los postulados monetaristas como pretendida solución a las secuelas que tal proceso supuso. Éste puso en grave peligro la propia continuidad del SME, porque la necesidad ingente de recursos para financiar la reunificación provocó una intensa huida de capitales desde otros países del área hacia Alemania. Tales salidas hicieron desplomarse la cotización de sus monedas, propiciando ataques especulativos y haciendo insostenibles sus tipos de cambio.

Aquello consolidó dos cuestiones. Una, la idea de avanzar en la unión monetaria para evitar más crisis de esa índole. Y dos, reforzó la hegemonía alemana y sus tesis, aceptadas por el resto, favorables a priorizar el control de precios en tal unión. Los criterios para el acceso al euro, fijados en el Tratado de Maastrich de 1993, son en buena medida fruto de ese planteamiento.

De igual modo, ante el temor de algunos al riesgo moral (moral hazard) que planteaba compartir el Banco Central Europeo (BCE) con otros Estados más “indisciplinados”, finalmente se fijó la cláusula de no bail-out o de no rescate. El BCE no podría socorrer a ningún Estado miembro ante problemas con su deuda soberana. Este hecho, unido a la ausencia de elementos de coordinación fiscal resultaría nefasto para la UEM.

3. Una moneda, dos modelos de crecimiento con ajuste salarial

De forma esquemática, el ajuste salarial ha sido compatible en la EZ con el crecimiento mediante dos modelos interconectados: uno de demanda externa y otro de apalancamiento (endeudamiento). Pero conviene precisar que esto es extensible también fuera de la UEM.

En el primer caso, economías como la alemana optaron por deprimir su demanda interna para reducir costes de producción y favorecer así sus exportaciones. El excedente de ahorro resultante era invertido por sus bancos en el exterior, ante unas mejores expectativas de negocio que planteaba financiar el endeudamiento privado en otras economías importadoras de ahorro.

En el segundo caso, las economías captadoras de ahorro externo acrecentaban su demanda interna, pese al ajuste salarial, vía recurso a un mayor endeudamiento. La exuberante liquidez de los mercados de capitales facilitaba la financiación. Mientras, una regulación financiera más laxa y la burbuja de activos resultante de aquella expansión financiera permitían mayores niveles de apalancamiento. Los recursos llegaban de dentro y fuera de la EZ. El euro también ayudaba, en la medida en que con él ahora estas economías sí contaban con una divisa fuerte. Ello significaba un menor riesgo de tipo de cambio lo que, unido a su dinamismo, les hacía más atractivas para inversores foráneos.

Gráfico 1. Tasa de formación bruta de capital/PIB 1980 2010 (en %) [Fuente: Elaboración propia a partir de datos del FMI].

Como muestra el gráfico 1, el ajuste ha deprimido la inversión productiva en Alemania hasta porcentajes impropios de una potencia industrial. Sorprende asimismo cómo la pujante demanda exportadora no ha servido para evitar ese lánguido ánimo inversor, probablemente porque el capital encontraba mejor acomodo en inversiones fuera del país (offshore).

Vistos ahora los dos modelos de crecimiento en esta área monetaria, podemos explicar mejor la pregunta planteada al final del primer apartado. Recordemos: la crisis bancaria en Estados Unidos afectó significativamente a las entidades del “centro” de la EZ, exportadoras de ahorro. Las economías periféricas sirvieron entonces como refugio, acrecentándose con ello los flujos de entrada de capitales procedentes de Alemania, entre otros (véase gráfico 3). El problema surgió sobre todo a partir de la quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008 y el consiguiente bloqueo en los canales de crédito interbancarios a escala global. El modelo de crecimiento en la periferia europea quedaba así cortocircuitado, al no poder las entidades captar ahorro externo con el que conceder sus préstamos a hogares y empresas, ni mantener la inversión local. La contracción crediticia resultante puso fin al ciclo expansivo en estos países. Y sin éste, el problema comenzaba a serlo también para los bancos prestamistas del núcleo de la EZ.

4. El euro no es el ajuste

La coexistencia del euro con políticas de ajuste salarial en la EZ, ha sido identificada por diversos autores como una relación de causa y efecto. Así, algunos argumentos desde la economía crítica señalan que esa política antiinflacionista en una unión monetaria pero no fiscal, conformada por economías muy dispares entre sí, habría generado una competencia salarial a la baja (véase por ejemplo Lapavitsas et al., 2010). Según este razonamiento, al pasar a compartir una moneda común, la única manera de intentar compensar los desequilibrios competitivos se basaría en una competencia salarial a la baja para abaratar costes y mejorar así cuota de mercado. Sería la EZ quien habría propiciado su propia crisis al coexistir fuertes superávits con enormes déficits, derivados de esta guerra de empobrecer al vecino. Un gráfico comparativo entre los costes laborales unitarios (CLU) nominales, es decir el coste salarial por cada unidad producida entre Alemania y las economías “periféricas”, ilustra tal argumento.

Gráfico 2. Costes laborales unitarios nominales (en números índice: año 2000 = 100) [Fuente: Elaboración propia a partir de datos de AMECO].

El ajuste salarial soportado en Alemania desde mediados de los años noventa frente a la periferia, habría propiciado ese desequilibrio entre los fuertes superávits por cuenta corriente alemanes y los abultados déficits de España o Grecia

Sorprende esta interpretación desde planteamientos heterodoxos, pues da por hecho que la competitividad internacional se determina simplemente vía precios. Sin embargo, la “paradoja de Kaldor” ya mostró que tal vínculo entre CLU y cuota exportadora no se cumple empíricamente.

El asunto es más complejo y en economías de capitalismo desarrollado imperan otros factores más vinculados con la competencia monopolística, tales como la diferenciación de producto, el comercio intraindustrial o las transacciones entre las filiales de una misma empresa transnacional. Así, pese al incremento de los CLU[6] en España, apreciado en el anterior gráfico, paradójicamente su cuota exportadora mundial se ha mantenido intacta entre 1994 y 2007. Y todo ello pese a su entrada en el euro, a su supuestamente “rígido” mercado laboral o al “efecto China”[7]. El caso irlandés supone otro ejemplo revelador, en la medida en que el fuerte incremento en sus CLU no ha evitado que registre uno de los superávits comerciales más destacados de la EZ.

A mi parecer, resulta más sensato plantear que las divergencias en las balanzas por cuenta corriente entre centro y periferia son debidas a diferencias en el comportamiento de sus respectivas demandas internas.

Así, el aumento de la inversión y el consumo en España (con la consiguiente pérdida de ahorro) supuso por definición un notable incremento en las necesidades financieras registradas en la balanza de capital[8]. Por su parte, los desequilibrios comerciales en la EZ constituyen sólo una parte de los desequilibrios externos a escala global[9].

En consecuencia, el ajuste salarial no sería el efecto inevitable de la unión monetaria, sugerido por algunos autores[10]. Como señala Rein (2011: 4) “[s]in duda éste habría sido el sueño de los arquitectos neoliberales de la Comisión Europea y del BCE. Sin embargo, la historia de las distintas contrarreformas sociales que se han dado en los países del euro desde el año 2000 lo que parece indicar es que éstas han obedecido más a situaciones políticas concretas, que se fueron dando en distintos momentos en cada país, que a la aplicación  de planes detallados a escala europea.”

5. Credibilidad y liquidez

Señala de Grawe que una unión monetaria enfrenta dos amenazas: pérdida de credibilidad y problemas de liquidez. Ambas se evidenciaron en la EZ a partir de la crisis griega en 2010.

La primera porque la inacción del BCE ante Grecia garantizaba que podría repetirse en otros casos, como así fue. Además, los programas de ajuste exigidos para el “rescate” agravaron el problema de deuda sin recuperar el ansiado crecimiento.

La segunda, los problemas de liquidez, han venido derivados de la peculiar arquitectura de la EZ, donde los Estados participantes emiten deuda en una moneda que no controlan. Cuando un inversor decide irse de un país, vende sus títulos de deuda soberana, la moneda se deprecia pero la liquidez permanece (otros inversores la compran). En el caso del euro esto no sucede necesariamente. Los inversores pueden vender deuda griega pero mantenerse en euros (supongamos que para comprar deuda alemana, por ejemplo). La cotización del euro no se altera pero la liquidez se va de Grecia (hacia Alemania en este supuesto). Suben los intereses, la economía pierde liquidez, lo que aumenta el riesgo de impago, que se traduce en mayores ventas de bonos, suben los intereses y así sucesivamente.

La inacción europea garantiza que el juego puede continuar, propiciando el contagio hacia otras economías periféricas igualmente con problemas. Finalmente, las autoridades europeas asumieron a partir del caso griego acudir al “rescate” de su economía, al que posteriormente siguió el de Portugal e Irlanda. Este rescate no es sino la concesión de un préstamo[11] a un menor coste que el inasumible del mercado, pero sujeto a una severa condicionalidad. Así, se exige el cumplimiento de durísimos programas de ajuste estructural cuyo cumplimiento es revisado periódicamente. De igual modo el BCE accedió a adquirir puntualmente deuda pública en los mercados secundarios, pero para ello ha creado un mecanismo perverso y único: compras de bonos con condicionalidad[12].

En el caso español, la troika autorizó la concesión de un préstamo de hasta 100.000 millones de euros para recapitalizar a su sector bancario[13]. No se trata todavía de un rescate completo como el griego, portugués o irlandés, pero el Estado español acude como avalista; y como tal, está igualmente sujeto a condicionalidad, además de asumir cuando pida el crédito un incremento del 10% en su ratio deuda pública/PIB. Como en los demás casos, el endeudamiento privado se ha trasvasado al Estado.

 6. El ajuste: la dictadura de los acreedores

Si antes expusimos que la UEM no es en sí misma determinante del ajuste salarial, observamos cómo ahora las autoridades monetarias imponen dichas políticas de ajuste mediante condicionalidad. Sin duda la crisis ha propiciado esa oportunidad, pero queda por explicar por qué desde Bruselas o Francfort se apuesta por tan contraproducentes medidas recesivas.

La aplicación de políticas contractivas en contextos como la actual no hace sino agravar el problema, algo de sobra conocido por la literatura económica convencional. Es lo que Koo (2011) ha denominado “recesión de balance”, si bien la idea ya fue planteada por Fisher (1933) con la “deflación de deuda” que se da en las depresiones. El argumento en ambos casos sería el siguiente. Cuando un sobreendeudamiento privado como el actual se revela insostenible por el motivo que sea, los agentes económicos tratan de desapalancarse a la vez. En esa situación, el objetivo empresarial ya no es la maximización de beneficios, sino la minimización de deudas. El problema ahí es que, mientras el precio de los activos cae, se mantienen las obligaciones de pago y, “cuanto más pagas más debes”. La política monetaria no sirve, pues los hogares no consumen, las empresas no invierten y los bancos no conceden préstamos. En tal caso sólo una política fiscal expansiva resulta eficaz.

Sin embargo, las autoridades europeas insisten en las políticas de ajuste por más que los resultados se evidencian calamitosos. Pero si esto es tan evidente y tan conocido por la literatura económica convencional, ¿por qué se insiste en el ajuste?

Para entenderlo hemos de recordar que, como vimos en el apartado 2, la EZ es una unión asimétrica con una economía hegemónica: la alemana. Es decir, en la actual crisis, la UEM está liderada por los acreedores, que comparten área con sus deudores.

Según la teoría de la estabilidad hegemónica, planteada por Kindleberger, históricamente cualquier proceso de unificación monetaria es siempre asimétrico y la estabilidad dependerá de que, quien lidere esa unión, asuma también los costes de su hegemonía. Llevado a la EZ en la actualidad tenemos entonces el problema: la banca alemana, y con ella otros la de otros como Países Bajos o Finlandia, no quiere asumirlo. Un coste tanto por las políticas necesarias para reducir la deuda como para reactivar el crecimiento. El volumen de deuda acumulada es ya impagable por lo que serán necesarias quitas. De igual modo se requieren políticas que reactiven la demanda y generen inflación, pero eso cuestionaría la política económica interna alemana, mientras que la inflación reduciría el valor de esa deuda a recuperar. Tampoco hay nada que impida al BCE realizar programas de compra masiva de bonos soberanos para aliviar los costes de financiación, como hacen otros bancos centrales, pero al hacerlo permitiría a las economías periféricas eludir la condicionalidad. Mientras, el drenaje de liquidez en la periferia permite al centro financiarse a un coste en mínimos históricos.

Lo distintivo así en la EZ no es tanto la crisis por sobreendeudamiento privado ni las políticas de ajuste salarial que también se dan fuera, sino que el vacío institucional de una unión asimétrica conducida por los acreedores es aprovechado por éstos para hacer valer sus exigencias: la dictadura de los acreedores.

Como bien muestra la experiencia latinoamericana tras la crisis de la deuda externa, los programas de ajuste estructural están directamente vinculados con el intento de recuperar a toda costa la mayor parte posible del dinero para los acreedores, obviando su parte de responsabilidad (y cuantiosas ganancias) por conceder aquellos préstamos. Y como igualmente muestra la experiencia latinoamericana, el factor tiempo es una variable importante en estos casos. El Plan Brady fue factible cuando la banca norteamericana implicada en la crisis pudo ya soportar quitas en sus préstamos. Esto mismo sucede en Europa.

La desesperante inacción de las autoridades comunitarias, aparte de las rigideces conocidas de su estructura burocrática, tiene más que ver con la necesidad de ganar tiempo por parte de los acreedores. Los bancos alemanes o franceses necesitaban tiempo para deshacerse de los más de 123 mil millones de euros que sus bancos tenían prestados en Grecia al finalizar 2009, según datos del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por su acrónimo en inglés).

Gráfico 3. Exposición bancaria alemana en la periferia, EZ
(en números índice: primer trimestre 2008 = 100) [Fuente: elaboración propia a partir de datos del Banco Internacional de Pagos (BIS), “Consolidated Statistics, Ultimate Risk Basis”].

Como puede apreciarse, el inicio de la crisis en el verano de 2007 implicó una llegada de fondos hacia estas economías. Sin embargo, al concluir 2009, cuando la crisis se hacía ya extensiva a toda la EZ, la exposición bancaria tendió a reducirse. En el caso griego alcanza mínimos históricos en el primer trimestre de 2012 (apenas 6.319 millones de dólares), lo que evidencia que la banca alemana ha descontado hace tiempo su salida del euro.

Resulta revelador comparar este mínimo con los discursos desde Alemania, ahora favorables a la salida de Grecia del euro si no cumple. Ahora sí, la banca germana podría soportarlo. Berlín y Francfort tienen dos opciones. La salida de Grecia terminaría de finiquitar la credibilidad en la sostenibilidad del euro, pero agravaría las tensiones especulativas sobre otros candidatos a la expulsión. Mientras, su permanencia ya sólo puede ser mediante una relajación de las leoninas condiciones exigidas para el rescate. Aceptarlo sería asumir el error y podría abrir la puerta a otros casos, en contra del criterio de Berlín.

En definitiva, los programas de ajuste no son ni la inevitable devaluación interna para mejorar la competitividad dentro de una unión monetaria, ni guardan relación con garantizar la continuidad del euro. Alemania habrá de decidir si asume los costes de su liderazgo o si, como hasta ahora, prioriza el cobro de sus préstamos. Si accede, será el principio de la salida, a expensas de que se afronte después el verdadero origen de la presente crisis global y se evidencien los problemas larvados de su propia banca. Pero si persiste en sus posiciones, la EZ tendrá los días contados. Y nadie sabe las consecuencias, incluso para la propia Alemania.

 ***

Bibliografía

-AMIEVA HUERTA, Juan y Alberto URRIZA GONZÁLEZ (2000): “Crisis bancarias, causas, costos, duración, efectos y opciones de política”, CEPAL, Serie Política Fiscal LC/L.1324-P, Santiago de Chile: Naciones Unidas.

-DEHESA, Guillermo de la (2009): La primera gran crisis financiera del siglo XXI. Orígenes, detonantes, efectos, respuestas y remedios. Madrid: Alianza Editorial.

-de GRAWE, Paul (1994): Teoría de la integración monetaria. Hacia una Unión Monetaria Europea. Madrid: Colegio de Economistas/Celeste Ediciones.

-FELIPE, Jesús y Utsav KUMAR (2011): “Unit Labor Costs in the Eurozone: the Competitiviness Debate Again”, Working Paper nº 651 (febrero), Levy Economics Institute, Nueva York. Disponible en:

http://www.levyinstitute.org/pubs/wp_651.pdf

-KINDLEBERGER, Charles P. (2011): Historia financiera de Europa. Barcelona: Crítica. Primera edición en castellano de 1988.

-KRUGMAN, Paul (2012): ¡Acabad ya con esta crisis!, Barcelona: Crítica.

-KOO, Richard C. (2011): “The world in balance sheet recession: causes, cure and politics”, Real-world Economics Review, nº 58 (diciembre), pp. 19-37.

-LAPAVITSAS, Costas; A. KALTENBRUNNER; G. LAMBRINIDIS; D. LINDO; J. MEADWAY; J. MICHELL; J.P. PANCEIRA; E. PIRES; J. POWELL; A. STENFORS Y N. TELES (2010): “The Eurozone between austerity and default”, Research on Money and Finance, Occasional Report (septiembre). Disponible aquí.

-McKINNON, Ronald I. (1963): “Optimum currency areas”, American Economic Review, vol. 53, pp. 717-725.

-MEDIALDEA, Bibiana (coord.), ¿Quiénes son los mercados y cómo nos gobiernan? Once respuestas para entender la crisis. Barcelona: Icaria. Disponible aquí.

-MUNDELL Robert A. (1961): “A theory of optimun currency areas”, American Economic Review, vol. 51, pp. 637-665.

-POCH, Rafael (2012): “Alemania en la ‘Gran Desigualdad’”, en “Diario de Berlín”, Blog de Lavanguardia.com. Accesible aquí.

-RODRÍGUEZ, J. Y Antonio SANABRIA (2012): “La economía española en el círculo infernal: ¿cómo hemos llegado aquí y qué nos espera”, en  www.econonuestra.net. (entrada del 20 de julio) (pinchar aquí).

-REIN, Álvaro (2011): “la izquierda, la crisis de deuda soberana y el euro”, Sin Permiso (18 de abril). Revista digfital Sin Permiso.

-REINHART, Carmen y Kenneth ROGOFF (2011): Esta vez es distinto: ocho siglos de necedad financiera. México D.F.: Fondo de Cultura Económica. Primera edición original en 2009.


[1] Entre 2004 y 2006 los tipos de interés de referencia ascendieron del 1% al 5,35%

[2] Como indican Reinhart y Rogoff (2011) las series históricas muestran una evidente correlación entre liberalización financiera y crisis bancarias. Véase también Amieva y Urriza (2000).

[3] Según datos de la Comisión Europea, en números absolutos, Alemania es el país de la EZ que más dinero ha ofrecido en ayudas y avales para apoyar a sus bancos y el segundo de la UE-27, solo superado por Reino Unido. Desde 2007, hasta el 20 de septiembre de 2011, el Estado alemán tenía comprometidos 620.330 millones de euros (24,8% de su  PIB de 2010) en ayudas y garantías bancarias. Países Bajos tenía comprometido hasta la citada fecha un 53% de su PIB de 2010, con rescates bancarios a ING (10.000 millones en 2010) o ABN AMRO, que fue nacionalizada.

[4] Esta pretensión era ciertamente antigua y ya encontramos precedentes como la Unión Monetaria Latina en 1865, que sirvió luego para los trabajos seminales sobre áreas económicas óptimas de Mundell (1961) y McKinnon (1963).

[5] Para quienes todavía crean en la falacia histórica de que la obsesión teutona por la inflación es algo cultural, motivado por razones históricas, habrían de considerar cómo se hizo la unificación. El entonces canciller Kohl optó por un tipo de cambio 1:1 con la moneda oriental, lo que supuso una fuerte y repentina alza de precios y salarios en la RDA, amén de un ingente volumen de gasto público en inversiones estatales desde el oeste. La ortodoxia monetarista aquí se obvió. O más bien se supeditó. Aquel tipo de cambio facilitó la privatización del tejido industrial del Este, repentinamente expuesto a la competencia occidental, sin contar con la opinión de sus trabajadores, formalmente propietarios de aquellas empresas (véase Poch, 2012). Tampoco la hiperinflación alemana de los años veinte se corresponde con el auge del nazismo, como explican Rodríguez y Sanabria (2012).

[6] No entramos aquí en el debate sobre la validez o no de este indicador. Al respecto, puede consultarse un interesante artículo de Felipe y Kumar (2011).

[7] La cuota española en ese período se ha mantenido en un 1,8% del total de exportaciones mundiales. Este porcentaje contrasta con otros como el de Reino Unido que, a pesar de controlar la política del tipo de cambio, y con ello poder devaluar su moneda, vio retroceder su cuota exportadora en el citado período 1,6 puntos. Para ese mismo período la cuota china se incrementó en 5,6 puntos (Fuente: Organización Mundial de Comercio).

[8] En el caso español al menos, cabe sumar al saldo deficitario su elevada elasticidad-renta que se traduce en una mayor propensión importadora al aumentar el consumo, amén de mayores adquisiciones en el exterior de bienes de capital e insumos energéticos con elevados precios. Dicho de otro modo, ante incrementos en el nivel de renta en España, tienden a aumentar sus importaciones más que proporcionalmente. Además, el  tipo de bienes que se adquieren en el exterior suelen estar a precios muy altos, como es el caso del petróleo y sus derivados.

[9] Los desequilibrios globales previos a la crisis no eran solo entre grandes flujos por cuenta corriente, sino la acumulación de stocks de reservas de unos y de deuda por otros que amenazaban a la economía mundial. Estos flujos iban por lo general en sentido inverso al habitual, es decir, desde economías “emergentes” hacia las desarrolladas  (véase de la Dehesa, 2011: 27-54).

[10] Por ejemplo, Krugman (2012) insiste en que los salarios en España están aún “demasiado altos” con respecto a Alemania.

[11] El crédito es concedido a través del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (EFSF) y sus recursos son aportados por la llamada “troika” comunitaria: Comisión Europea, BCE y FMI.

[12] Tal fue el caso de las compras efectuadas en agosto de 2011 para calmar a los mercados. En sendas cartas, el BCE exigía a cambio a ambos mandatarios nacionales la aplicación de una serie de políticas de ajuste, saltándose los preceptos democráticos más elementales.

[13] El problema surgió a partir del fracaso de las dos reformas financieras en apenas tres meses del actual gobierno conservador y del ejecutivo anterior en 2008. Se exigió a la banca local aumentar sus provisiones para afrontar la mora vinculada al pinchazo de la burbuja inmobiliaria. El problema principal fue que al exigir dotar de mayores recursos sin inyectar inmediatamente capital no se despejaban las dudas sobre la viabilidad de estas entidades que, en algún caso entraría en pérdidas. Tal fue el caso de Bankia. Tras la nacionalización de su matriz, Banco Financiero de Ahorros (BFA). La petición de éste al Estado de 30.000 millones de euros inició el desastre, pues dado el elevado interés que ya para entonces tenía la deuda pública española, tal financiación resultaba inasumible para el Estado, por lo que hubo de solicitar un “rescate” bancario.

12 pensamientos en “La crisis del euro y la dictadura de los acreedores

  1. Seguro que al autor le gustará mi art. que publica “Socialismo 21” En el blog “the street light” Mansori ha sido uno de los primeros en vincular los superevits en CC por ejemplo de Alemania con el “inocente” endeudamiento de países como Grecia España etc- Firma José Pérez Oya

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