Ragtime para un 25S

Hace unos meses disfruté de la lectura de Ragtime, la célebre novela de E. L. Doctorow. Situada en una ciudad de Nueva York sobrepasada por el capitalismo salvaje de comienzos del siglo XX, entre las historias que cruzan la trama hoy acuden a mí dos de sus principales personajes, Emma Goldman y Coalhouse Walker Jr.

Goldman aparece luminosa, con su libro y su maletita, siempre a punto para ir a prisión, entre el trasiego de miserias que se daba entre cuartuchos hediondos, inmigrantes abandonados a su suerte y un puñado de ricos ajenos al enésimo batacazo económico que iban a provocar con la crisis de 1907. Feminista, libertaria y audaz, las reuniones políticas de entonces muestran a Goldman entre compañeros dispuestos a la revolución en el mismo centro del tablero donde se dirimía el capitalismo por venir. Igual que otras luchas de entonces, se salía a la calle cargado de sentido común y crítica, percibiendo de alguna manera que igual no se volvía. La represión era brutal. Las manifestaciones no se pactaban. Tampoco las huelgas, pues estas solían parar la producción de una ciudad, de un país, hasta que el conflicto se resolviera. No había paseos carnavalescos, sino seriedad y determinación. La gente se dirigía al corazón del asunto sin armas, con sus familias del brazo, sabiendo a lo que se exponían pero soñando con lo que podían lograr. Así se consiguió mucho de lo que hemos disfrutado hasta hoy.

Coalhouse Walker Jr. es un pianista elegante, de modales impecables, y negro. Sufre un violento ataque racista que poco a poco irá convirtiéndose en una injusticia atroz, amparada por las autoridades policiales y políticas de la ciudad. Espoleado por el dolor (su prometida es asesinada por la policía impunemente), y ante la falta de salidas que le ofrece el establishment, tras una serie de atentados decide ocupar el palacio de J. P. Morgan, el banquero, y sembrarlo de bombas preparadas para explotar. Allí espera que sus peticiones (la reparación de un coche que le destrozaron un grupo de bomberos de la ciudad  al comienzo de sus desgracias) sean atendidas. Morirá acribillado por la policía. Mientras, por si acaso, ya se había detenido a Goldman.

La crisis que comenzó en 2008 nos está llevando de vuelta al capitalismo salvaje. La represión aparece cada vez menos edulcorada, y así vuelven las detenciones arbitrarias o la prohibición de las reuniones políticas. Mientras, se abandona aún más a los inmigrantes sin papeles, los más pobres de la sociedad, y se prepara la miseria generalizada con regla, cartabón y decretos. Todo sucede como si estuviéramos dando marcha atrás, a ritmo del Wall Street Rag, por el camino recorrido en el siglo XX. En los reajustes se acaban las jornadas de 8 horas, los sueldos dignos, la seguridad en el empleo, y vuelven las masas desempleadas, así como lo que ridículamente hoy quieren llamar “minijobs”.

Este 25 de septiembre me ha traído así a la memoria la determinación de Goldman, también el ancestral temor a la historia de Walker Jr. Es fundamental mantener el hondo coraje pacífico que requiere la situación. Tan sólo espero que nuestros representantes políticos tengan la lucidez suficiente como para salir del Congreso a escuchar lo que se les quiere exponer sobre el proceso constituyente, y que, mediante petición al gobierno, ordenen a la policía que se retire sin atacar a la ciudadanía. Lo contrario supondría otra marcha atrás, esta de treinta años, en la que nuestros políticos vuelven al huevo de la serpiente franquista que les vio, y les dejó, nacer.

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