Las paradojas del juego del rescate


Tras semanas, e incluso meses, saturado viendo cómo se manosea y se malinterpreta el término “rescate” en los medios, por fin parece que el sábado pasado se pidió oficialmente. O no se pidió. O se pidió, pero no para España, sino para la banca de nuestro país… No han sido pocos los medios de comunicación que han intentado limitar, quitar hierro, a una maniobra financiera sin precedentes en nuestra historia (un crédito que supone el 10% del PIB español), que traerá consigo la necesidad de pagar una enorme factura.

No, “no se trata del rescate al estilo de Grecia”, se esgrime sobre la base de medias verdades desde los medios “empotrados”. ¿Por qué? No solo porque está claro el efecto letal que ha tenido el rescate sobre la economía y la sociedad griegas, sino porque en el juego de alimentar nuestro temor y hacernos creer que no hay alternativas, el fantasma del “rescate” es una herramienta ideológica muy útil que conviene mantener a punto para lo que ha de venir a consecuencia de este macrocrédito: “hay que asumir los recortes porque si no vendrá el rescate de verdad: no hay más opción”.

La expresión “rescate” hace referencia, ni más ni menos, al aumento del crédito exterior para sostener las finanzas de un país a condición de que su estado aumente su capacidad de pago a corto plazo de esa deuda por encima de cualquier otra consideración. Se pretende evitar un colapso financiero a través de la entrada de fondos exteriores y del desvío de recursos de otros fines (recortes) para apuntalar las finanzas. Pero el juego del rescate es un viejo conocido para los estudiosos de América Latina y otras regiones del mundo asoladas por la plaga de los “rescates” y sus consecuencias. Un juego oscuro, cuyas verdaderas reglas se nos ocultan, y se nos muestran como crueles paradojas una vez que las descubrimos. Ahí van cinco.

Paradoja 1. España ya estaba “siendo rescatada” antes del sábado. Aunque no se hubieran acordado explícitamente créditos al estado bajo el paraguas del FMI o la UE, el proceso que he descrito ya estaba en marcha de manera informal. En octubre de 2011, mientras se concretaba el contenido del rescate griego, ya estaba sobre la mesa una propuesta de quita del 20% de la deuda pública española (que hubiera cerrado el acceso del país a los mercados de capitales), y Bruselas la cambió in extremis por la exigencia de un mayor ratio de capital de los bancos españoles, sabiendo que era costeable solo con dinero público. Esto implicaba recortes sociales, que fueron aplaudidos desde la UE. En esencia, aumento de financiación a cambio de recortes sociales, ¿para evitar el “rescate”? Pues el resultado es el mismo. Mucho cuidado con los falsos dilemas.

Paradoja 2. Los rescates no funcionan. Rara vez permiten a los países eludir la suspensión de pagos por mucho tiempo. Surgen cuando los desequilibrios financieros (sobre todo, el endeudamiento) son tan graves que ya no es posible corregirlos con la expansión de la capacidad productiva. Y las condiciones para recibir esos fondos suponen un mayor deterioro de ese aparato productivo, por lo que persisten los problemas financieros y jamás se elimina la dependencia de las instituciones que “rescatan” al país. Es lo que se llama el “ajuste permanente”, un círculo vicioso en el que caen los países que acceden a “ser rescatados” (recortes – crisis – necesidad de fondos – más recortes). No recuerdo un solo caso en el que estas iniciativas de “rescate” (que en su mayoría se producen en países subdesarrollados con algún atractivo financiero) hayan tenido éxito perdurable; en cambio, han producido aumentos colosales de la deuda y nuevas crisis. Ante situaciones similares a la española, Rusia en 1998 declaró suspensión de pagos (¡bancarrota!) y pronto volvió a crecer; Argentina (en idéntica situación que España hoy) aceptó en 2000 un rescate que la condujo a un desastre económico mayor y al abandono de la Convertibilidad de 1 peso por 1 dólar (una junta monetaria que tenía muchos puntos en común con una moneda única). Entonces, ¿por qué se hacen los “rescates”?

Paradoja 3. Los rescates son un inmenso negocio para unos pocos. A mayor riesgo mayor rentabilidad. Los fondos públicos no son los únicos implicados en los “rescates”. Con frecuencia, las instituciones financieras internacionales han buscado la concertación con “agentes privados” (enormes fondos de inversión, fondos de pensiones, mutual funds) que asumen deuda del país “rescatado” bajo la “garantía” de las instituciones, pero con la rentabilidad del bono basura. A ello se añade la existencia de información privilegiada, que facilita la especulación con títulos de deuda y obtener enormes ganancias hasta el mismo momento del ataque especulativo en que suelen acabar los sueños de rescate. Además, las políticas de privatizaciones apresuradas y desmantelamiento de la protección social son aprovechadas por el capital financiero para comprar a precios de saqueo activos públicos en sectores estratégicos y rentables. En definitiva, los “rescates” crean condiciones ideales para que los grandes inversores se lucren inmensamente en un perverso juego especulativo, en tiempos en que la crisis mundial desincentiva rentabilizar esos capitales en usos productivos.

Paradoja 4. Los “rescates” no son un juego entre países. No consisten en la intervención de un país sobre otro, sino en un golpe de estado de las finanzas. En todo caso, significan la entrega de una sociedad a la dictadura de los mercados financieros, pero no estamos hablando de una jugada del Risk. Y es una decisión que toma soberanamente el gobierno del país que, ante la disyuntiva del “rescate” o la suspensión de pagos, elige la primera opción, por todas las razones que apunto y, probablemente, por motivaciones personales de quienes toman estas decisiones (en el caso de España, si el gobierno accede a jugar al “rescate” todos sus miembros quedarán muy bien colocados en instituciones financieras cuando el juego acabe, ya lo veréis). Los “rescates” no son un juego de veleidades nacionalistas, sino un asalto de las finanzas a la democracia.

Paradoja 5. Hay alternativas al “rescate” mucho menos frívolas que la propia idea del rescate: dejar que quiebre la banca o expropiarla, renegociar unilateralmente la deuda, recuperar el control de la política de tipos de cambio (sí, dejar que nos echen del euro: total, ya ni tenemos que decidir salirnos), etc. Pueden parecer descabelladas, pero ¿lo son menos que la situación de inútil suicidio económico que estamos viviendo?

No olvidéis todo esto cuando os asoméis a la prensa o a la televisión en busca de respuestas a la pregunta de “si existe o no el rescate”. Y, sobre todo, cuando se agite su fantasma para darnos miedo y disciplinarnos. En definitiva, el “rescate” es un juego cruel basado en el chantaje financiero, un círculo vicioso que para perpetuarse necesita que olvidemos la existencia de alternativas reales, y que nos centremos en un falso dilema con una única respuesta posible: que es mejor morir que perder la vida.

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7 pensamientos en “Las paradojas del juego del rescate

  1. Tengo una duda. Cuando alguien dice “dejar que quiebre la banca española” está pensando en las decenas de miles de empleados que hay en Bankia u otros?

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