Escenarios para un rescate

Estos días se debate la posibilidad de que España tenga que ser rescatada por el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (EFSF, por sus siglas en inglés), como ya sucediera con Grecia, Portugal e Irlanda. No deja de ser ilustrativo que la posibilidad de ser rescatado genere pavor.

Técnicamente, el “rescate” es un crédito solicitado cuando un Estado no logra captar recursos por sí mismo en los mercados a un coste sostenible. Éste no es todavía el caso español, pero sí necesita ahora financiar repentinas y cuantiosas ayudas a su sistema bancario. En todo caso, ese crédito lleva aparejada una elevada condicionalidad, o lo que es lo mismo, la contrapartida de profundizar en la espiral de recortes. Normal los miedos.

Pero, ¿qué ocurre?

Desde el inicio de la crisis, con el definitivo estallido de la burbuja inmobiliaria (ésa cuya existencia negaron en su día Caruana, Rato, De Guindos, Botín o Solbes; ésa que Fernández Ordóñez olvidó al acceder al Banco de España) la sostenibilidad del sistema bancario español está puesta en tela de juicio. Su alta exposición al ladrillo y una situación camino de la depresión económica alimentan tales dudas. Lo cierto en todo caso es que, tanto las pruebas de estrés a los que fue sometido la práctica totalidad del sistema bancario, como un reciente informe del FMI, limitan estos problemas a un tercio del sector, representado fundamentalmente por BFA-Bankia. No en vano, las conclusiones provisionales de ese informe, convenientemente filtradas por el gobierno para forzar la dimisión de Rato de cara a su nacionalización, señalaban a esta entidad aunque sin nombrarla.

Con el fin de que los bancos confiaran en la solvencia bancaria española, el pasado mes de mayo el actual gobierno aprobaba una nueva reforma financiera, la segunda en apenas tres meses y la cuarta si sumamos las dos aprobadas por Rodríguez Zapatero. Como las anteriores, uno de los aspectos fundamentales del nuevo Decreto-ley consiste en aumentar las provisiones exigidas a los bancos —en este otro artículo recientemente publicado trato de explicar en qué consisten.

Sucede que los mayores requerimientos de provisiones para cubrir posibles pérdidas vinculadas a inversiones inmobiliarias afectan especialmente a BFA-Bankia, más expuesta a este sector. Y a más exposición, más provisiones. Para cubrirlas y, de paso un tanto más, el nuevo presidente del grupo, José Ignacio Goirigolzarri, ha solicitado una ampliación de capital de 19.000 millones de euros. Cuando le dices a un banquero que pida lo que quiera corres el riesgo de que te haga caso. Pues bien, este capital se sumaría a los 4.465 millones ya recibidos a través del FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) y que el Estado empleó para nacionalizar BFA al convertir aquel préstamo ahora en acciones. Como no parece probable que una nueva emisión de títulos lograse cubrir el boquete, su nuevo dueño, el Estado, será quien aporte ese nuevo capital necesario para la entidad. De esta manera se entiende ahora el contraataque de Rato, todavía presidente de Caja Madrid, cuyo informe a su Consejo podría sintetizarse con un “así podría ser buen banquero hasta yo”. Quizá. No es menos cierto en todo caso que su gestión también colaboró en que estamos ahora ante el mayor rescate financiero en la historia de España.

Ahí surge el problema. En un contexto convulso, con la deuda española a un coste de financiación en máximos históricos, con las turbulencias por la posible salida de Grecia y el sistema bancario español en solfa, ¿cómo lograr esa financiación extra?

Se presentaban hasta ahora tres posibles vías. La primera, consistente en realizar esa ampliación de capital con deuda pública como activo para el banco. Éste emplearía luego esos títulos como colateral (es decir, como aval, digamos) para conseguir capital en el BCE. El problema es que el gobierno dio por hecha esta opción y filtró a la prensa dicha posibilidad sin consultarla con el propio BCE ni con Bruselas o Berlín. Así, éstos filtraron luego su rechazo a tal opción. Oficialmente no había pasado nada, todos desmintieron haber dicho algo, pero el gobierno se ve ahora con que se ha metido en un proceso de nacionalización de la cuarta entidad bancaria del país sin ningún plan para recapitalizarla. Un brillante ejemplo de planificación económica.

La ayuda a BFA, en torno a un 2% del PIB, supondrá que la deuda pública se dispare, mientras las acciones de Bankia, filial de BFA, se han hundido más aún en Bolsa. Añádase que, a falta de cálculos más exactos, las estimaciones más optimistas hablan de unas necesidades añadidas de entre 20.000 a 30.000 para el resto de la banca problemática. Esto sería otro 3% del PIB adicional.

Así las cosas, solo quedan dos opciones. O el FROB, y con ello el Estado, acude a los mercados para financiarse; o éste recibe la ayuda de la UE, mediante el EFSF. Pedir esto último supone un problema: los estatutos especifican que estos fondos solo pueden ser solicitados por los Estados y con una elevada condicionalidad. Es decir, a cambio de nuevas y más duras medidas de ajuste. Se trataría en definitiva de una intervención en toda regla, que se sumaría a la que hiciera el BCE con las cartas que envió en 2011 a Berlusconi y Zapatero. Pero ahora el ajuste es más continuado en el tiempo y siempre puede empeorar. El motivo es que los préstamos se entregan por tramos, donde se revisan y corrigen objetivos, con la impunidad que da carecer de cualquier necesidad democrática de dar explicaciones. Para hacernos una idea de lo que nos supondría, tenemos las recomendaciones recogidas en los informes de la Comisión Europea, así como la experiencia práctica en los países ya intervenidos. Las medidas irían desde un aumento del IVA hacia “estándares europeos” (no así los salarios, obvio) hasta recortes en pensiones o en las prestaciones por desempleo. Todo, en definitiva, siguiendo la lógica de inducir una “devaluación interna” (caída generalizada de salarios y precios) para mejorar con ello la competitividad de la economía. La misma lógica de las medidas defendidas por el propio presidente Rajoy, en especial de la reforma laboral, de cuyos efectos a corto, medio y largo plazo exponíamos recientemente en este otro artículo para EconoNuestra. Un “rescate” donde no sabes si resulta mejor ahogarte por tus propios medios.

¿Qué posibilidades hay de “rescate”?

Básicamente pueden suceder tres cosas.

  1. Que la tormenta amaine y el Estado, a través del FROB, financie la ampliación de capital de BFA por fases o de una sola vez.
  2. Que todo se mantenga como hasta ahora o incluso suba la tensión, mientras que Bruselas no abre a España ninguna vía de financiación oficial alternativa sin condicionalidad al Estado para su rescate bancario.
  3. Aprovechar que el próximo 1 de julio el EFSF será sustituido por el Mecanismo Europeo de Estabilidad para, ahí sí, incluir en sus nuevos estatutos alguna cláusula que permita el rescate directo a bancos sin pasar por los Estados.

La primera opción parece poco probable. El BCE ha declarado que no tiene intención de realizar nuevas compras de deuda pública que relajen la prima de riesgo, como las del pasado verano. Claro que el BCE no tiene problema en hacer lo contrario que pregona, pero en este caso un ambiente tenso ayuda a condicionar un resultado electoral en Grecia favorable a los acreedores: una coalición de gobierno Nueva Democracia-PASOK. Las malas perspectivas que apunta el entorno internacional tampoco animan.

Respecto a la segunda, que la tensión financiera se mantenga o aumente a corto plazo parece lo más probable. Más con la inminente intervención a Chipre. El calendario tampoco es propicio para España. No ha encontrado su gobierno mejor fecha para anunciar los resultados de las auditorías privadas a la banca que el 18 de junio. Justo un día después de las elecciones griegas. Y en julio afronta un importante vencimiento por valor de 18.625 millones de euros.

Una semana antes, el día 11, el FMI hará público su informe completo sobre el sistema bancario español. Como en el caso de las auditorías, no es esperable que aporte novedades sustanciales, pero centrará la atención de nuevo sobre España y su Bankia. En tal contexto, si la tensión permanece y Alemania no cede, el rescate vía EFSF sería inevitable, y con ello la intervención de facto de la economía española, intensificando así los recortes. Una senda recta y allanada hacia el abismo.

Ahora mismo la más probable sería la tercera opción. Inicialmente la Comisión la rechazó, pero el mismo Comisario europeo de asuntos económicos, Olli Rehn, acepta ahora públicamente una posibilidad que él mismo negó una semana atrás. Otra muestra de que también en Europa se tienen las cosas claras. Parece más que evidente la influencia francesa en este replanteamiento espontáneo.

En todo caso, tal proceso será irremediablemente lento. Asimismo, está por ver que Merkel acepte y que, aun si aceptara, se muestre dispuesta a no exigir ninguna condicionalidad al gobierno español. Y esto ya será más difícil. La filosofía de los ajustes se basa en garantizar las condiciones  adecuadas para que los acreedores recuperen su dinero. Poco importa lo demás. Por eso Alemania presiona por el rescate. Pero tratar el problema de sobreendeudamiento privado español con ajustes conduce a la depresión y, dado el tamaño de nuestra economía, amenaza la propia viabilidad de la eurozona.  Mientras la UE no cambie de paradigma, nos tememos que la discusión  se limite al grado  y forma de intervención. Y mientras el gobierno comparta la obcecación por el ajuste no se dará cuenta de que es la periferia quien tiene la sartén por el mango.

¿El fin de la histeria?

Que el sector financiero español enfrenta importantes dificultades resulta evidente, si bien habrá que acotar la parte problemática. El rescate de entidades como la propia BFA se torna inevitable, pues no hacerlo supondría mayores costes aún. En 2008 a Estados Unidos se le ocurrió dejar caer al banco de inversiones Lehman Brothers y estamos aún por terminar de conocer las consecuencias. Es el chantaje estructural del actual modelo financiero, el “riesgo sistémico”. Un chantaje que supone a su vez una fractura de legitimidad democrática: mientras se retira dinero para educación o salud se inyecta para rescatar a las entidades que propiciaron el desastre. Las explicaciones técnicas, necesarias, no nos pueden apartar de esta paradoja tan cruel como evitable.

Se pudo afrontar la crisis priorizando a las víctimas. Se pueden nacionalizar bancos, pero darles ahora una utilidad pública, al tiempo que se exigen responsabilidades económicas o incluso penales a sus antiguos gestores. Se podrá reformar el sistema financiero, reconociendo el fracaso de los esquemas de “autorregulación”, restablecer su carácter supeditado a la lógica productiva, a su vez supeditada a las demandas sociales. Mientras, se dice que el problema de la banca en España ha sido la injerencia política en los negocios, pero el problema resulta más bien la injerencia de los negocios en la política.

La crisis bancaria no ha sido un accidente, sino el fracaso de un modelo dentro y fuera de España. Las políticas de ajuste son una respuesta de ese modelo fallido, la persistencia de algo más que un error. No es un problema de cuantía en las provisiones ni de más o menos inyecciones de capital. La banca española no está en peor situación que la francesa, la estadounidense o la alemana. Las dudas se ciernen sobre el sector bancario porque no hay entidad que soporte incólume la depresión económica a la que nos aboca el ajuste. A fin de cuentas, hasta la banca depende de la gente.

Anuncios

2 pensamientos en “Escenarios para un rescate

  1. No estoy de acuerdo en el último párrafo. Por un lado, poco tiene que ver el sistema bancario alemán o francés con el español, muchísimo más expuesto al ladrillo. Por otro, no confundamos la crisis bancaria con la crisis de las cajas, politizadas hasta el extremo e insostenibles.

  2. Gracias Antonio, muy clarificador. Por cierto, en referencia a Jorge, aunque las cajas de ahorros estuviesen más expuestas al ladrillo que el resto del sistema bancario el problema es sólo de grado e intensidad. El problema del sistema bancario no se limita al ladrillo, y esto afecta al conjunto de la banca europea. Sino a un proceso de apalancamiento inaudito en condiciones de regulación flexible y permisividad crediticia, y con un BCE con una política monetaria expansiva (en términos históricos, no comparados, porque más lo es el de otros bancos centrales). El tamaño de la deuda bancaria es el principal problema, no sólo en España sino en todo el mundo occidental, el cuál paradójicamente es el principal acreedor a su vez de otros subsistemas. En suma, este fenómeno forma parte de la financiarización del sistema capitalista contemporáneo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s