La democracia cercana

Tras meses de noticias vertiginosas y de indignaciones revolucionarias quisiera abordar lo que considero el aspecto más complicado de la tarea democrática: su comprensión y construcción desde abajo.

La democracia, así la entiendo, empieza a la hora de tratar de gobernarnos medianamente bien a nosotros mismos, prosigue en las relaciones personales, y se lucha por ella en los espacios de vida más arriesgados —véase, por ejemplo, en las tiránicas empresas e instituciones para las que se trabaja—. Quizá después de todo ello se habrá logrado un bagaje que permita aportar algo a las asambleas, asociaciones, reuniones de partidos o sindicatos, escritos, pantallas, aulas y micrófonos de lo público sin mentir ni robar, sin manipular ni silenciar. Sin imponer ni corromper. Lejos de la hipocresía de los discursos vacíos.

Tan sólo un cuidado cotidiano —del día a día— a la hora de pensar, respirar y hacer democracia es lo que nos puede ayudar a que ese “quizá” se convierta en inestable certidumbre. Porque nunca se logra la democracia perfecta, lo sabemos y lo celebramos, pues ni somos ni queremos que nadie trate de convertirnos en pequeños dioses; pero sí podemos intentar acercarnos a ella desde nuestras maravillosas imperfecciones.

Lo que parece seguro es que si no hemos sabido cuidar aquellos primeros estadios de vida, todo lo que sigue no será más que una sucesión de simulacros. Decir una cosa en lo público para enseguida, por detrás, hacer la contraria.

Y creo que estamos hartos de que una inmensa y dominante minoría de responsables políticos, económicos y académicos de este país sean expertos en esta clase de cuestiones. Si queremos cambiar de verdad, radicalmente, un estado de cosas cada vez más lamentable, si apelamos como hacemos a una democracia real, el desafío de la democracia cercana es la tarea quizá más profunda que tenemos por delante. También, la más estimulante.

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5 pensamientos en “La democracia cercana

  1. Del frío, la hierba gris, el calor del fuego agotado;
    de las mañanas incandescentes,
    de los recuerdos ingratos;
    buscando no perecer en la indiferencia.

    De la noche lejana al óxido de nuestra memoria;
    el sentir predecible de quien no supo querer.
    Sentados, de nuevo, esperando el desorden.

    En el frente:
    las líneas de opresores, los fajos verdes;
    los atropellos consentidos, los favores forzados.
    Mientras,
    seguimos pensando en nuestro círculo intacto.

    Se cierran las puertas,
    se ahogan los sentidos, se duerme tu conciencia;
    los frentes se desdoblan, los fines agonizan;

    Nosotros, recordamos con dolor, y aguardamos un sueño,
    esperanzados.

  2. De todos los adjetivos de la democracia éste es el que apela a lo fundamental, a la responsabilidad individual de ir cuidando las pequeñas cosas del día a día. Gracias Víctor

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